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SAL: Vehículo para la intervención y eliminación de los trastornos por deficiencia de yodo

INCAP, septiembre 2019

Contribuciones  del INCAP

El Instituto de Nutrición de Centro América y Panamá –INCAP- identificó desde los primeros años de la década de los 50´s que la deficiencia de yodo era un problema de salud pública en Centro América y especialmente en Guatemala.

La deficiencia de este nutriente provoca dependiendo de su gravedad, bajo rendimiento escolar, baja productividad, retardo físico y mental, sordomudez, deformaciones físicas, cretinismo, mortalidad fetal y aborto.

El periodo más crítico es durante la formación intrauterina y los primeros dos años de vida. En niños mayores y adultos, la deficiencia de yodo se reconoce por el incremento de tamaño de la glándula tiroides, afección que se conoce con el nombre de bocio o güegüecho.

En 1950, el INCAP inició la encuesta sistemática de bocio endémico, en los 5 países de Centroamérica y Panamá, la cual fue dirigida por el director del INCAP (1949-1961), Dr. Nervin S. Scrimshaw, la cual evidenció que los índices de bocio en 1955 eran del 16.5% de bocio en la región; estos se elevaron a 18% en 1966, siendo el grupo más afectado el de las mujeres de 15 a 40 años, quienes tenían una prevalencia de bocio grado 2 y 3, representando el 10% del total. En el estudio también se evaluó la excreta de yodo en orina, con un promedio menos de 25 gramos de creatinina por persona, lo que reflejó una baja ingesta de yodo.

Para resolver esta situación, el INCAP propuso en Centroamérica la fortificación de la sal con yodo. Siendo una práctica de aplicación universal y permanente, ya que casi todas las dietas humanas carecen de este nutriente esencial. Un punto importante de señalar aquí es, que tanto la sal de mina como la sal marina carecen de yodo, siendo la única fuente de este nutriente la sal fortificada.

En los años 50´s en Guatemala el bocio era muy común, este se identificaba en 38% de escolares del país, debido a este hecho la introducción de la yodación de sal fue una emergencia nacional.

En 1954 la Ley de Yodación de Sal fue aprobada, pero solo acatada hasta 1959. El decreto 115 determinó que toda la sal común que se consume en el país deberá estar yodada, que todo aquel que produzca más de 4000 quintales de sal común al año deberá tener su propia planta de yodación, además se estableció que se libera de derechos arancelarios de importación e impuestos fiscales a las maquinarias, equipos, accesorios, repuestos, yodato de potasio y excipientes necesarios para la yodación; y se estableció que la venta de sal yodada sin autorización de la Dirección General de Sanidad Pública sería considerada de contrabando.

Con la ley, los efectos en la reducción del bocio fueron inmediatos y notables. En 1962 cuando el 90% de la sal contenía por lo menos 15g de yodo, el bocio se había reducido al 14%, en 1964 la prevalencia era del 8% y en 1967 era de 5% indicando que el problema había sido controlado.

Lamentablemente el programa se descuidó y en 1979 la prevalencia de bocio había aumentado al 11%, coincidiendo con una reducción del porcentaje de sal adecuadamente yodada al 20%. En 1987 la situación fue peor, se estableció que la prevalencia de bocio era del 20% y el porcentaje de sal con yodo apenas alcanzaba el 11%. Entre los departamentos de la República que mostraron índices arriba del 10% están: Huehuetenango, Jalapa y Alta Verapaz con 32%, Totonicapán con 30%, Chimaltenango con 26% y Quiché con 25%.

A partir de ese año varias instituciones se unieron a INCAP para lograr la reactivación del programa, siendo importante mencionar la participación de la Organización Panamericana de Salud (OPS), Guatemala; UNICEF; Facultad de Odontología de la Universidad de San Carlos de Guatemala; la Asociación Nacional de Salineros; funcionarios de la División de Registro y Control de Alimentos del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, y el diputado Dr. Rafael Barrios Flores.

Por este esfuerzo conjunto se logró la aprobación de la Ley General de Fortificación de Alimentos en 1992, así como la publicación del reglamento específico sobre la fortificación de la sal con yodo en 1993, que todavía permanece en vigencia, y la creación de la Comisión Nacional de Alimentos Fortificados (CONAFOR).

Sin embargo, según la encuesta en escuelas centinela del 2007, solo el 76% de las muestras de sal de diferentes marcas, cumplen con los niveles mínimos de fortificación (15 mg de yodo/kg de sal).

Deficiencia de yodo es causa de bajo intelecto

La carencia de yodo es la principal causa de lesiones cerebrales durante la infancia. Produce una alteración del desarrollo cognitivo y motor, que influye en el rendimiento escolar del niño. En la edad adulta, merma la productividad y la capacidad del desarrollo laboral.

Según la Organización Panamericana de Salud, la falta de yodo afecta principalmente en la edad adulta, ya que puede reducir en 13.5% el coeficiente intelectual; y agrega que casi 50 millones de personas padecen distintos grados de lesiones cerebrales por esta causa.

Algunos de los síntomas de la deficiencia de yodo son: insomnio, problemas de concentración, sensibilidad al frío, fatiga, depresión, dolor articular y muscular, piel y cabello seco, periodos menstruales severos y frecuentes en mujeres. Otros de los síntomas, es el cretinismo, el cual provoca un retardo en el crecimiento físico y mental.

Es particularmente importante que la alimentación de las embarazadas contenga suficiente yodo, pues este mineral es un nutriente indispensable para el desarrollo del feto, y en especial de su cerebro. La carencia de yodo durante el embarazo no sólo produce lesiones cerebrales en el feto sino también bajo peso en el recién nacido, nacimiento prematuro y mayor mortalidad perinatal e infantil.

Es de resaltar, que las vitaminas prenatales no necesariamente contienen yodo, y aunque es verdad que los alimentos procesados son altos en sodio, por lo general no contienen sal yodada.

Los niños pequeños también están especialmente expuestos, pues durante los dos primeros años de vida el cerebro sigue necesitando yodo para desarrollarse. Además, la carencia de yodo en los niños produce trastornos del desarrollo físico y cognitivo e hipotiroidismo.

En cuanto a las personas adultas, aumentar el consumo de yodo puede mejorar la capacidad cognitiva. En regiones en desarrollo alrededor del mundo, los niveles de yodo son un problema usual, sin embargo, también se ha vuelto una problemática cada vez más frecuente en los países occidentales, afectando a todos los países por igual.

A pesar de que en el pasado Guatemala logró tener un programa exitoso de yodación de sal, la falta de capacidad de control por parte del Estado, sumado al gran número de comercializadores que no fortifican, ha provocado que el programa decaiga, al punto que más de la mitad de la población recibe sal sin yodo o con niveles no adecuados. Para resolver este problema se requiere de una decisión política clara para fortalecer las acciones de control del Estado, además de la exigencia de los consumidores de recibir sal bien yodada.

Bibliografía

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Dary, D. O. (2000). Evolución del programa de yodación de la sal en Guatemala.

Dary, D. O., & Boy, D. (1997). Situación del programa de fortificación de sal con yodo en Guatemala durante 1995-96.

Delgado, D. H., Boy, D., Montes, D., & INCAP. (1999). Situación nutricional del yodo, vitamina A y hierro en Centro América . Guatemala.

INCAP, & UNICEF. (1992). Control de los desórdenes por deficiencia de yodo en Centroamérica . Guatemala.

Zelaya, A. N. (1994). Eliminar la deficiencia de yodo: un reto de fin de siglo.

 

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